Padre Santiago Redondo: “Todo lo que he hecho es para la gloria de Dios y el bien de Chile”

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La orden religiosa italiana de los Salesianos fue establecida por Don Juan Bosco en 1859, en la región de Turín, Piamonte, Italia. Sus primeros seguidores llegaron en 1887 a la Patagonia austral, con la misión de evangelizar a los aborígenes. El espacio misional San Rafael Arcángel fue creado en 1889 por la Congregación Católica Salesiana en isla Dawson, Chile.

63 años después, arribó a Chile y posteriormente a Magallanes el coadjutor de esta orden, Santiago Cristóbal Redondo Muñoz, procedente de España.

Nace el 6 de julio de 1929 en la localidad de Pozoblanco, perteneciente a la provincia de Córdova, en la región de Andalucía. Hijo del herrero del pueblo, Tomás Redondo, artista de la forja, que en su yunque realizaba maravillas con el metal, y de Florencia Muñoz. Fueron cuatro hermanos: Santiago, Francisco, Rafael y Juan.

Los ojos del sacerdote se entornan para viajar en el tiempo y una sombra los oscurece, porque los recuerdos de su niñez lo llevan a un tiempo difícil: la guerra civil de su país natal.

“Pudimos jugar como todos los pequeños, al transitar libremente por los campos llevando un aro o zuncho y también por las calles tranquilas del pueblo participar al escondite o al pillarse, o bien corriendo tras una pelota de trapo, hasta que nos sorprendió la guerra civil española. Tanto nos perjudicó ese conflicto que nuestros estudios fueron irregulares. Fue una ofensiva que duró tres años, desde 1936 a 1939. Yo tenía 7 años cuando esto comenzó; finalizó cuando cumplí los 10. Más que asistir a un colegio me enseñaron mis tíos, sobre todo Pepe, que era zapatero. El me impartió aritmética y también en ese tiempo los padres se encargaban de la educación de sus hijos por el problema del mal funcionamiento de las escuelas debido a la guerra civil. Ya de mayor, recuerdo con mucho cariño a mi maestro don Camilo.

Fueron tres años muy duros los de la guerra, de muchas dificultades y de hambre, ya que todo se destinaba para mantener a las tropas del ejército. Cuando había bombardeo, las campanas de la iglesia anunciaban que venían los aviones y nos metíamos debajo de las camas, pero al ver que esta protección no resultaba, huíamos a los campos. Incluso mi madre en uno de los días de alarma dio a luz a Juan, el menor de mis hermanos. Son, para mí, recuerdos muy tristes”.

Ingreso al seminario

El joven Santiago, partió a los 12 años al seminario. Recibió el mensaje de Dios en el colegio salesiano que había en su pueblo, donde concurría; la vocación aumentada al concurrir al templo con una tía, de nombre Marita. Pero ya desde muy pequeño se sentía religioso. La gente le preguntaba -¿Qué vas a ser cuando seas grande? Y él respondía -cura. Con sus pequeños amigos jugaban a hacer misa, y era él quién oficiaba la ceremonia litúrgica.

“Yo estuve en el Seminario de Antequera, un pueblo de la provincia de Málaga, en España. Eramos 140 seminaristas. Estábamos en calidad de internos, de tal manera que fuimos una verdadera familia. Realizábamos excursiones caminando a lugares campestres, cerros y ríos. Lo hacíamos una vez por semana.

Mi estudio sacerdotal fue muy cambiado. Ser religioso es una vocación maravillosa, pero es difícil. Luego de tres años de estudios regresé a mi pueblo porque me costaba mucho aprender el latín, idioma vital para ser sacerdote.

En Pozoblanco trabajé en una perfumería y droguería, como encargado de la caja y llevando la contabilidad del negocio. Pero, paralelamente, iba al colegio a fin de dar clases a los niños, porque me consideraba un salesiano. En el año 1949, yo profesé como salesiano. Yo no fui sacerdote, sino hermano, teniendo el título de coadjutor. (Los salesianos coadjutores no se ordenan sacerdotes, pero dentro de la Congregación tienen los mismos deberes y derechos religiosos). Me enviaron a Sevilla, capital de Andalucía, donde estuve tres años dando clases a 70 internos.

Llegada a Chile

En el año 1952 yo vine a Chile. Pedí salir a participar en las Misiones en el extranjero y me enviaron a este país desconocido totalmente por mí. No sabía cómo era ni donde se encontraba, de tal forma que tuve que acudir a un atlas para conocer su ubicación en América.

Viajamos desde España tres varones: Pedro, Santiago y Juan, como los tres apóstoles más queridos de Jesús”.

El padre Santiago Redondo llegó a este país el 15 de diciembre de 1952. Se había embarcado en Barcelona, en la nave Contegrande, que traía a América cuatro mil pasajeros. Tardaron 27 días en llegar a Buenos Aires. Luego de un mes en la capital argentina tomaron un tren de madera que los dejó en Mendoza y de allí otro convoy que los llevó al pueblo de Los Andes.

Su primera gran impresión fue el paso de la cordillera, por cuanto cambió el panorama de grandes y estériles llanuras argentinas por el verdor de los campos del valle de Aconcagua.

Con destino a Natales

“Al llegar a Chile se me abrió el corazón de alegría. Nos esperaban en Los Andes y de ahí nos llevaron a la capital donde yo permanecí algunos meses luego de lo cual me destinaron a Puerto Natales. Eso fue en el mes de marzo de 1953. Allí estuve cinco años impartiendo clases de silabario en el colegio salesiano.

Yo, tenía 140 alumnos, eran muchos, de tal manera que conseguimos con el Ministerio de Educación separarlos en dos grupos de 70 y que los más grandecitos concurrieran a clases en la mañana y en la tarde los más pequeños. Contaba en ese entonces con 23 años y una gran vitalidad de tal manera que además de las clases les hacía deportes y música, incluso participaba con la banda del establecimiento educacional, tocando el saxofón. Estuve allí cinco años en los cuales, además, presentamos teatro, zarzuelas, sainetes, etc.

El Superior de la Orden, en la capital, determinó mi traslado a Porvenir. Nosotros hacemos tres votos, pobreza, castidad y obediencia, de tal manera que obedecí esta nueva destinación”.

Larga permanencia en Porvenir

Fue una larga permanencia del padre Redondo en la capital fueguina, en la que realizó múltiples actividades: haciendo clases en el Colegio San Francisco de Sales a los quintos y sextos años y participando con muchas instituciones de bien público.

Fue en Porvenir donde recibió feliz de la vida su nacionalidad chilena, a los 10 años de residencia en el país. Tuvo el honor de recibir esta distinción de parte del gobernador Tomás Radonich, a cuyos hijos les impartió enseñanza en el colegio.

“Me hicieron un homenaje en el teatro de los Radonich, ubicado en calle Señoret. Fue una ceremonia muy hermosa y cálida.

Cuando joven fui muy deportista, de tal manera que eso me sirvió para que en Porvenir estuviera como encargado del deporte. Con este cargo realicé olimpíadas escolares, fútbol y grandes competencias entre los establecimientos educacionales.

Los desfiles fueron realmente apoteósicos. Había grupos de exploradores, boy scouts. Todo se hacía a la perfección. Teníamos una fanfarria; yo organicé una banda y a los pitos y tambores les agregué esta fanfarria con otros instrumentos. Se trataba de formar al alumno en forma integral, para que después descubriera cuál era su vocación. Existía igualmente teatro, llamado “Cuadro artístico Domingo Savio”, en el cual participaban adultos y niños, y con ellos presentábamos sketch, sainetes, comedias, dramas, zarzuelas, etc. en el mismo salón pobre que existía en el colegio y allí actuábamos. Tuvimos hasta giras a Punta Arenas y Cerro Sombrero. Debido a que nuestro colegio era sólo de varones, los artistas eran exclusivamente hombres. No era como Punta Arenas, donde el Liceo San José tuvo el grupo “Virtus”, en el cual participaban, recuerdo, los Boric, los Nocera, los Baeriswyl”.

Su ordenación sacerdotal

“La realización del Concilio Vaticano II (1962), abrió las puertas de la Iglesia, y dijo: hay que dar facilidades a los jóvenes para que sean sacerdotes. Entonces, yo le pedí a mi superior que quería ser sacerdote. Yo, hice cursos en la Universidades de Valparaíso y La Serena y me gusta leer, de tal forma que me considero un autodidacta.

Me dijeron -véngase a Santiago- y en la capital estudié Teología un año en el Seminario de Lo Cañas y Tres años en la Universidad Católica, con mucho sacrificio porque a esa altura yo tenía bastante edad.

Como yo lo pedí, me ordené sacerdote el 12 de diciembre del año 1971, en Porvenir, estando a cargo de la ceremonia Monseñor Vladimiro Boric Crnosija. Fue el día en que se celebra a la Virgen de Guadalupe. El acto se realizó ante una gran cantidad de fieles que repletaron el gimnasio Padre Mario Zavattaro.

Ante la muerte del sacerdote Ladislao Misa me designaron párroco de la capital de la Provincia de Tierra del Fuego”.

Pródigo en obras

En esa tierra, fundó el Hogar de Cristo de Porvenir, siendo inaugurado el 28 de agosto de 1993. Condujo la Escuela Agropecuaria Las Mercedes y encabezó el proyecto para construir un nuevo templo en la ciudad, con la colaboración de la comunidad, el que fue inaugurado en el centenario de la ciudad, 20 de junio de 1994, diseño del arquitecto Julio Fernández Mayo. En 1994 el alcalde de la capital fueguina, Juan Torres Toro, y los regidores, lo hicieron Ciudadano Distinguido de Porvenir y en 1996 fue declarado Hijo Ilustre de la Región por la Intendencia de Magallanes. El 26 de agosto de 1998 consagró el Santuario Jesús Nazareno de Porvenir, una obra para los chilotes.

A los 10 años de permanencia en Chile fue autorizado para regresar a España con el fin de visitar a sus familiares. Luego ha realizado viajes esporádicos a la Madre Patria.

El 4 de abril de 1987, cuando visitó Punta Arenas Su Santidad el Papa Juan Pablo II, el obispo Tomás González Morales le solicitó al director de Radio Minería, Ramón Utz, y al padre Santiago Redondo, que fueran los locutores de la ceremonia que se realizó en el estadio Fiscal de esta ciudad. Así fue, con el beneplácito del Patriarca de la Iglesia Católica.

En Punta Arenas ha realizado programas radiales en Minería, Polar y ahora en Presidente Ibáñez. Ayuda en la parroquia Cristo Obrero, y algunas horas al Liceo San José.

En su despedida, el padre Santiago Cristóbal Redondo Muñoz, señaló: “Mi corazón está dividido entre España y Chile. Todo lo que he hecho es para la Gloria de Dios y el bien de Chile. Tengo 65 años en este bello país, de los cuales 56 los he vivido en Magallanes. Saludo a los porvenireños; los llevo en el corazón, amo mucho a ese pueblo porque ahí trabajé muchos años de mi existencia. A los jóvenes les digo que son una fuerza muy grande en el mundo, que se formen bien, que amen a su patria, que sean personas cultas y que busquen siempre el bien de los demás, el bien de la nación, la alegría de sus familias y que aporten con su formación al engrandecimiento de Chile”. Fuente: La Prensa Austral

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